Por estos días, con la proximidad de la fecha señalada del #8N, pareciera que la mayoría de mis amistades, que abrevan en las huestes opositoras al oficialismo gobernante, como que han entrado en una ebullición hormonal digna de puberes en época estival, multiplicidad de imágenes con fotitos trucadas, videitos, correos y demás inundan las redes sociales convocando para el jueves, que salvo a algún despistado, nadie confunde con una protesta "espontanea", como bien nos cuenta hasta el diario la Nación en Secretos y estrategias detrás de las cacerolas una nota de la semana pasada y que denota el seguimiento y difusión que le aporta el matutino a la movida cacerolera.
Conversar con mis amigos opositores se viene convirtiendo en una tarea difícil, según ellos porque "es inútil discutir con un kirchnerista" para lo que te chantan un cartelito ad hoc, lo realmente triste es que cada vez es mas categórico que si uno no esta de acuerdo con sus argumentaciones abiertamente antikirchneristas y no hace explicito que los integrantes del Gobierno Nacional y los demás partidarios son poseedores de todos los atributos descalificativos que a diario se propalan de manera inagotable por parte de los se dicen que no son parte del 54%, como muestra de estar libres de cierta contagiosa y perversa infección, a uno lo ponen inmediatamente, por no dar muestra de fe antiK, dentro del "populismo autoritario y patotero" como les gusta definir al oficialismo.
Y como le decíamos hace unos días a un amigo protestador en una de esas conversaciones que uno intenta mantener: "No confundan protestar con elecciones, que es la única manera como determinar de manera cierta sobre mayorías y minorías de ciudadanos que apoyan o no tal o cual propuesta de Gobierno, ya que lo demás son solo expresión de deseos."
Justamente hoy publicaba, Mendieta, este párrafo al respecto, que compartimos plenamente: "Sin embargo, y a pesar de todo lo dicho hasta aquí, resulta imprescindible alertar sobre una cuestión: no todos los manifestantes del 8N son golpistas. Es más: nos jugamos a que son una ínfima minoría. Ponele la misma minoría que se va a Miami. Pero hay, entre los ideólogos detrás del 8N una actitud claramente destituyente: se trata ya no de criticar el accionar del gobierno o de sus funcionarios, modo de protesta absolutamente democrático, sino de comenzar a erosionar y poner en cuestionamiento la legitimidad de este gobierno. Y de ahí las columnas de opinión que –repitiendo argumentos trillados en nuestra historia por sectores desestabilizadores- trazan diferencias entre “legitimidad de origen” y “de ejercicio”. O bien, como un ex periodista dijo anoche por televisión, “las mayorías no dan derechos”. ¿Y qué si no las mayorías, en un sistema democrático, libre y respetuoso de las reglas del sistema (tal como el nuestro), podrían dar derechos?"
No casualmente ese "ex periodista" centró, el programa televisivo insignia de la oposición, en instalar lo de la sociedad dividida por "el odio" y "el miedo", como sabemos las casualidades no existen, al menos en política, y de esto se trata, de política, salvo para algunos ¿ distraídos? que insisten en las espontaneidades y autoconvocatorias protestadoras, que ahora descontando su masividad, casi toda la dirigencia partidaria opositora tratará de capitalizar, como venimos viendo últimamente, quizás no entendiendo o no dándose cuenta que la mayoría de los caceroleros los aborrece y los niega, siendo estas manifestaciones una demostración mas de la crisis de representación partidaria en que nos encontramos muchísimos ciudadanos desde la crisis de hace diez años, quizás desde hace mas tiempo.
Eso sí, no podemos dejar de decirles a nuestros amigos protestadores, que esto de querer hacernos creer que reclamar sobre algunas consignas como la defensa de la República, el respeto de la Constitución o la división de Poderes, que precisamente a nuestro entender es lo que buscan deslegitimizar cuando pretenden desconocer su pleno funcionamiento, no tiene nada de novedoso y original, ya largamente demostrado hace años cuando reflexionábamos sobre la "reacción espontánea" en la movida del campo y la estrategia Optor en Elisa Carrió, sí algo nos quedo claro a nosotros, es que los amigos opositores no son muy afectos a la lectura y menos a los humildes reflexiones que supimos escribir allá por el 2009 sobre "La nueva-vieja hegemonía política, el Soy Power y el error de no hacer para-Kirchnerismo", después de todo nos podemos jactar, que de cierta manera, la realidad, no estuvo tan tejos de nuestra lectura.
Para terminar, de una buena vez, recordar también en este reiterativo intento de entender, unas "Breves reflexiones repetidas que me provoca el Facebook" dedicado especialmente a todos y todas mis amig@s que insisten en creer que eso que viene asomando es algo auspicioso, sin embargo este escéptico caminador no logra ver nada nuevo bajo el sol.
Saludos Cordiales.
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martes, 6 de noviembre de 2012
Nada nuevo bajo el sol: "las mayorías no dan derechos" y las repetidas estrategias para deslegitimizar.
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miércoles, 28 de abril de 2010
El obliguismo bloguero y las fraseologías del pasado.
Estoy casi convencido que hay un auto sobredimensionamiento de la importancia de la llamada blogoésfera nacional y popular, a la que soy tan afecto.No me caben dudas que en la web, los contenidos digamos no políticos tienen abrumadora preponderancia, que la incidencia en los debates y argumentaciones políticas solo son "consumidas" por iniciados y los sectores desde siempre politizados, que son una ínfima minoría de la sociedad argentina.
Son las corporaciones mediáticas y sus aprendices de brujo en cada pueblo, pese a todo lo que se diga en contrario, las que siguen y seguirán por mucho tiempo mediatizando entre los ciudadanos de a pie y la realidad cotidiana.
Hablar de guerrilla virtual financiada por el Gobierno o de operaciones clandestinas del grupo de tareas del grupo Clarín es de una desmesura tal que debería llamar a la reflexión urgente, retroalimentarse en la lógica binaria que desde marzo del 2008 parece no tener retorno, no puede ser el camino, la polarización extrema solo es funcional a todos aquellos que pretenden justificar con pretextos de trinchera para uniformar los amplios matices que existen en la sociedad posterior a la crisis del 2001.
Las supuestas "guerras de aparatos" ya sabemos a donde nos llevaron y repetir fraseologías del pasado no solo me parecen una desmesura sino una falta de respeto por la historia que todavía nos duele.
Saludos Cordiales.
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domingo, 25 de abril de 2010
LÓGICAS BINARIAS

Hace rato que no nos metemos con la política binaria, pero como leimos por estos dias que se refloto el debate, nos quedamos con algunas cosas dichas en esta nota:
–¿Qué cambió en 2008?
–Se instala la lógica binaria. Un esquema que busca polarizar posiciones. No sólo lo hace el kirchnerismo sino también la oposición, que legitima un esquema binario que no permite comprender los matices. Y se agrava el año pasado con la discusión sobre la ley de medios. Yo creo que hay que desnudar esa lógica binaria. Detrás de Néstor Kirchner y de Cristina Fernández no hay un gobierno nacional y popular que apunte a una redistribución del poder social, sino tendencias contradictorias. Y del lado de la derecha no hay un bloque monolítico que enuncie claramente un proyecto. Es una derecha muy fragmentada que incluyó sorpresas, como la emergencia de nuevos liderazgos. Me refiero por ejemplo a Julio Cobos, aunque es cierto que cuesta imaginarlo como un líder. Pero también Lilita Carrió, que protagonizó un pasaje espectacular desde la centroizquierda a la derecha conservadora. Ni que hablar de la revitalización de la UCR, que era un partido que creíamos muerto. Es el regreso de los muertos vivos a la política argentina. Desde la consigna “que se vayan todos” a la actual degradación institucional del debate en el Congreso, me parece que el panorama es para lamentar
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jueves, 3 de diciembre de 2009
Ninguna alternativa, en ningún orden de la vida, concentra a los buenos de toda bondad de un lado y del otro a los malos de toda maldad
Cuando se gana con la derecha, gana la derecha
Por Carlos Raimundi, Emilio García Méndez y Oscar Belbey *
La frase del título pertenece al histórico dirigente del ala izquierda de la Democracia Cristiana chilena, Radomiro Tomic. Fue, en cierto sentido, un anuncio premonitorio de la violencia que acabó arrasando con los mejores sueños de la región. Es probable que en la incapacidad de forjar un compromiso razonable entre sectores progresistas se encuentre alguna de las causas de los sucesos que, siendo historia, siguen condicionando hasta hoy la suerte de los intereses populares. Es obvio que ninguna extrapolación de hechos históricos es posible y mucho menos deseable. Sin embargo, sería un desprecio gratuito de la experiencia ignorar el aprendizaje de hechos de esta magnitud, sobre todo cuando el debate actual sobre los cargos ante la nueva composición del Congreso nacional presenta algunos puntos inquietantes.
“Quien no recuerda la historia está condenado a repetirla”, una frase que por error se atribuye al Carlos Marx del “18 Brumario”, pero que en realidad pertenece a ese lúcido y heterodoxo conservador llamado George Santayana. ¿Es posible alcanzar objetivos legítimos, coherentes con las posiciones de un centroizquierda democrático sin reparar en las alianzas para lograrlo? ¿Es posible evitar un extravío político irreparable en esas condiciones?
“Progresistas y de derecha hay en los dos lados.” Esta aseveración parte de reconocer, implícitamente, la lógica binaria que el SI procuró romper desde los albores de su acción parlamentaria. Pero además, lejos de ser un análisis político, constituye una simple obviedad. Ninguna alternativa, en ningún orden de la vida, concentra a los buenos de toda bondad de un lado y del otro a los malos de toda maldad. Lo que trasciende a las circunstancias del momento es una impronta política, en este caso tendiente a recuperar la memoria como interrogación sobre nosotros mismos, instituir –al menos desde el discurso– el olvidado concepto de la recuperación del Estado y las políticas públicas, a definir la comunicación social como un derecho ciudadano antes que un negocio, a rescatar una herramienta central de política pública como los aportes jubilatorios. Todo ello insuficiente y teñido, muchas veces, de fuertes sospechas de una corrupción que hemos sido tenaces en denunciar. Todo ello muy distante, sin duda, desde lo conceptual, del espíritu privatizador de los años ’90, del alineamiento incondicional de la política exterior o de bajar salarios y jubilaciones, como ha ocurrido.
Bajo el razonable argumento de respetar la expresión popular del 28 de junio se cae en la simplificación de que todo el que no votó al oficialismo forma parte de un proyecto homogéneo, y eso no es así. Lo único que varios de sus actores tienen en común ha sido frenar toda iniciativa, aun aquellas con las que algunos estuvieron históricamente de acuerdo, con tal de no apoyar propuestas del Poder Ejecutivo. Son los que, en definitiva, se regocijan cada vez que escuchan “a éstos hay que bajarlos...”, sin reparar en los autores de esta frase y mucho menos en sus consecuencias.
Es cierto que lo que creemos debería ser un tercer espacio autónomo merece presidir algunas comisiones. Pero es ingenuo creer que se pueden captar voluntades en ese sentido, apoyándose en la oposición más desmesurada sin que ésta resulte, a su vez, favorecida por el centroizquierda para fortalecerse en sus propias pretensiones. Significativamente, si esos sectores prevalecieran en las comisiones estratégicas a las que aspiran, hoy los grupos multinacionales seguirían manipulando millones de dólares del sistema previsional en la tómbola financiera, Aerolíneas seguiría siendo una jibarizada empresa privada y no tendríamos ley de comunicación audiovisual.
Por ello, es un contrasentido afirmar que apoyarse en una de las dos grandes estructuras parlamentarias es neutro políticamente. Por el contrario, esta posición fortalece, objetivamente, una impronta que, como mínimo, no compartimos. Hacer valer el peso de la unidad y la autonomía del espacio es, en cambio, el camino más coherente y en el tiempo más eficaz, para honrar la expresión popular de los últimos comicios.
* Partido SI (Solidaridad e Igualdad)
Por Carlos Raimundi, Emilio García Méndez y Oscar Belbey *
La frase del título pertenece al histórico dirigente del ala izquierda de la Democracia Cristiana chilena, Radomiro Tomic. Fue, en cierto sentido, un anuncio premonitorio de la violencia que acabó arrasando con los mejores sueños de la región. Es probable que en la incapacidad de forjar un compromiso razonable entre sectores progresistas se encuentre alguna de las causas de los sucesos que, siendo historia, siguen condicionando hasta hoy la suerte de los intereses populares. Es obvio que ninguna extrapolación de hechos históricos es posible y mucho menos deseable. Sin embargo, sería un desprecio gratuito de la experiencia ignorar el aprendizaje de hechos de esta magnitud, sobre todo cuando el debate actual sobre los cargos ante la nueva composición del Congreso nacional presenta algunos puntos inquietantes.
“Quien no recuerda la historia está condenado a repetirla”, una frase que por error se atribuye al Carlos Marx del “18 Brumario”, pero que en realidad pertenece a ese lúcido y heterodoxo conservador llamado George Santayana. ¿Es posible alcanzar objetivos legítimos, coherentes con las posiciones de un centroizquierda democrático sin reparar en las alianzas para lograrlo? ¿Es posible evitar un extravío político irreparable en esas condiciones?
“Progresistas y de derecha hay en los dos lados.” Esta aseveración parte de reconocer, implícitamente, la lógica binaria que el SI procuró romper desde los albores de su acción parlamentaria. Pero además, lejos de ser un análisis político, constituye una simple obviedad. Ninguna alternativa, en ningún orden de la vida, concentra a los buenos de toda bondad de un lado y del otro a los malos de toda maldad. Lo que trasciende a las circunstancias del momento es una impronta política, en este caso tendiente a recuperar la memoria como interrogación sobre nosotros mismos, instituir –al menos desde el discurso– el olvidado concepto de la recuperación del Estado y las políticas públicas, a definir la comunicación social como un derecho ciudadano antes que un negocio, a rescatar una herramienta central de política pública como los aportes jubilatorios. Todo ello insuficiente y teñido, muchas veces, de fuertes sospechas de una corrupción que hemos sido tenaces en denunciar. Todo ello muy distante, sin duda, desde lo conceptual, del espíritu privatizador de los años ’90, del alineamiento incondicional de la política exterior o de bajar salarios y jubilaciones, como ha ocurrido.
Bajo el razonable argumento de respetar la expresión popular del 28 de junio se cae en la simplificación de que todo el que no votó al oficialismo forma parte de un proyecto homogéneo, y eso no es así. Lo único que varios de sus actores tienen en común ha sido frenar toda iniciativa, aun aquellas con las que algunos estuvieron históricamente de acuerdo, con tal de no apoyar propuestas del Poder Ejecutivo. Son los que, en definitiva, se regocijan cada vez que escuchan “a éstos hay que bajarlos...”, sin reparar en los autores de esta frase y mucho menos en sus consecuencias.
Es cierto que lo que creemos debería ser un tercer espacio autónomo merece presidir algunas comisiones. Pero es ingenuo creer que se pueden captar voluntades en ese sentido, apoyándose en la oposición más desmesurada sin que ésta resulte, a su vez, favorecida por el centroizquierda para fortalecerse en sus propias pretensiones. Significativamente, si esos sectores prevalecieran en las comisiones estratégicas a las que aspiran, hoy los grupos multinacionales seguirían manipulando millones de dólares del sistema previsional en la tómbola financiera, Aerolíneas seguiría siendo una jibarizada empresa privada y no tendríamos ley de comunicación audiovisual.
Por ello, es un contrasentido afirmar que apoyarse en una de las dos grandes estructuras parlamentarias es neutro políticamente. Por el contrario, esta posición fortalece, objetivamente, una impronta que, como mínimo, no compartimos. Hacer valer el peso de la unidad y la autonomía del espacio es, en cambio, el camino más coherente y en el tiempo más eficaz, para honrar la expresión popular de los últimos comicios.
* Partido SI (Solidaridad e Igualdad)
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jueves, 7 de mayo de 2009
¿Ser o no ser gorila sera la cuestión?
La semana pasada Pepe me enviaba el articulo Soy Gorila de Osvaldo Bazan publicado en el diario Critica, le hice unas reflexiones sobre el mismo que publique también en Artepolitica.com y le sugerí ademas que seria bueno su participacion con sus opiniones del sitio.
No obstante a continuación publico la ultima contestación que hiciera a mis reflexiones sobre el articulo en cuestión que motiva esta entrada en la Reflexiones Varias y dejo para una proxima entrada alguana reflexion sobre sus apreciaciones.
Saludos Cordiales.
Sabes porque...porque lo que en el imaginario politico se llama "peronismo" tampoco existe mas hace bastante tiempo. Ergo los "gorilas" hoy tampoco existen mas. Existe el capitalismo concentrado, grupos empresarios que atrasan 30 o mas años. Fachos de hoy y de ayer. Capitalismo que juega su juego sin que alguien le marque un poquito la cancha, etc...y por el otro lado existen los que tienen buena voluntad pero todavia no se sacaron la dolorosa historia fallida de encima, los que quieren construir desde otros lugares, los que intentan ver cual es el nuevo paradigma, etc. Pero ni uno ni otro puede ser calificado de "gorilas" ni de "peronistas". Por lo tanto decir que uno es peronista o gorila carece de cualquier significado real.
Es un fenomeno interesante este del "peronismo-gorilismo". La izquierda vernacula tiene que expiar culpas todavia, pero la critica concreta a lo que significa en terminos historicos lo que se dio en llamar "peronismo" no significa ser "gorila". Si alguien con dos dedos de frente puede usar la palabra peronismo con un significante actual no entiende lo que pasa. Va lo mismo para el que usa el termino contrario (gorila). Lo mismo va mi estimado florencio para los terminos "incorregibles" y "contradicciones". Esto que el imaginario popular llama "peronismo" vos crees que tiene contradicciones concretas e importantes a lo largo de los ultimos 30 años? Desde que tengo uso de razon politica este grupo siempre fue para mismo lado sin dudas ni contradicciones algunas, apenas alguno tuvo algun indicio de correccion(de rumbo) pero se disciplino porque sino le decian "gorilita".
La ironia de autoproclamarse "gorila" es justamente eso...una ironia que se dice desde lugares y pareceres que poco tienen que ver con la entrega llevada a cabo por los que gritan "vos decis eso porque sos gorila"
Que alguien nos despierte por favor, es que acaso no esta mas que claro que el "enemigo" siempre fue el capitalismo en cualquiera de sus dosis y/o presentaciones (desarrollismo, burguesia nacional, y demas zarazas)
Ahora nos venimos a dar cuenta que el barbudo que no era pariente de Groucho tenia bastante razon. Como era ese viejo cantico nacional y popular..ni yankees ni marxistas..peronis.. Bueno a esta altura de la historia podrian hacerle una actualización "doctrinaria" y cambiarlo por algo como...ni yankees ni peronistas...marxistas. Por lo menos se le daria una actualización que tiene mas que ver con la perspectiva historica de los tiempos actuales.
Pero claro...eso es ser "gorila"...
Eso de "hacerle el juego a..." Florencio es un recurso setentista que ya expiró. Quien en su sano juicio puede decir que se le hace el juego a la derecha criticando a este gobierno por izquierda. Donde esta "expropiacion y estatizacion" del petroleo, la mineria, la comunicaciones, la banca, los medios de comunicacion, repudio de la deuda externa ... Exigencias tan viejas como "el capital" pero tan actuales como la acciones que llevan los gobiernos de Venezuela, Ecuador, Cuba entre otros. No hablemos de los que lo hacen para salvar el sistema capitalista a toda costa. No me entra en la cabeza como los mismos que gritan "gorilas" a la izquierda de aca cuando se exige que el gobierno haga todo eso...corren alborotados a sacarse fotos con Fidel, Correa o Evo...
Los unicos que le hacen el juego al capitalismo es quien lo favorece de manera prevendaria y corporativa. Sea gobierno, sindicato u oposicion.
Por favorrrr empecemos a pensar la realidad desde otras categorias distintas, correspondientes a realidad que ya no existen mas desde mucho tiempo(si es que algun dia existieron...)
AVISO que tienen el comun el peronismo de izquierda y la revolucion productiva...ambos nunca existieron.
Pero existen muchas personas bien intencionadas o no(me inclino mas por la ultima) que siguen batiendo el parche que nada puede existir a la izquierda de ellos. Cualquiera que osea cruzar ese limite es automaticamente puesto como "gorila". Lo loco de eso es que se parte de algo que no existe(peronismo) para enunciar una existencia (gorilismo).
En terminos historicos el peronismo fue la herramienta politica del capitalismo en la argentina para aumentar y mantener su hegemonia. Los hechos de los ultimos 25 años lo demuestran. Afirmar lo anterior no me hace anti, si contrario. Desenmascarar lo anterior es unas de las tareas de la izquierda en la argentina para poder crecer. Eso se esta dando via mucho sufrimiento de gente que en la fantasia politica mas grande de la historia. Esperemos que no cueste demasiado aprender esto.
Un abrazo
PP
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miércoles, 4 de marzo de 2009
Reflexiones sobre las antinomias de algunos que aprendieron ciertas cosas de los golpes de la vida.


Las siguientes reflexiones me llegaron por correo electrónico el 31 de marzo del 2008 enviado por Carlos Raimundi, en los comienzos del conflicto por las retenciones a las exportaciones agropecuarias.
CONTRIBUCIÓN A UN DEBATE PENDIENTE
El clima social de estos días me evoca la historia de una familia argentina. Uno de sus integrantes pertenece a mi generación, y ya se darán cuenta de las razones que hicieron que no se abrazara, de joven, al peronismo, como sí lo hizo el grueso de sus congéneres. Eso sí, por haber estudiado en la Universidad de La Plata de los 70, se impregnó de aquellos enormes ideales de justicia social.
Su madre se dedicó al hogar: le habían impedido cursar, más allá del sexto grado, otros estudios que no fueran de cocina y corte y confección. Su padre, un simple maestro mayor de obras egresado de la escuela industrial, sin título universitario. Ambos provenían de familias humildes y trabajadoras, agradecidos a una escuela pública cuyo Consejo de Educación les proveía, a los pobres como ellos, los cuadernos y libros de lectura. Eran argentinos de una época en que ese gusto amargo de toda pobreza, convivía con la certeza de que, a través del esfuerzo, alguna vez estarían mejor. La madre fue, a la postre, una autodidacta que hoy vive una vejez feliz. El padre, muerto ya hace algunos años, tiene grabado su nombre en bajorrelieve -como constructor- en el frente de centenares de casas sencillas, pero sólidas, de la ciudad de La Plata.
Por aquellos tiempos, algunos canalizaron esa rebeldía que toda pobreza se encarga de alimentar, en el peronismo. Otros, como nuestro modesto maestro mayor de obras, prefirieron mantenerse aferrados a los símbolos radicales. Perón había tomado mucho de la sensibilidad popular de Yrigoyen, pero como partido, los radicales antagonizaban con el peronismo. Por un lado iban la continuidad y la profundización de los contenidos sociales y el trasvasamiento de las capas más populares de un partido a otro, pero las estrategias del radicalismo como partido, iban por otro. Y así fue como muchos radicales escogieron esto último y no lo primero; entre ellos, aquel, por entonces, joven maestro mayor de obras.
El justicialismo siempre proclamó el bienestar del pueblo y la grandeza de la Nación como sus grandes objetivos; su enemigo histórico, la oligarquía y el imperialismo. Pero al mismo tiempo que proclamaba esa notable definición política, acuñó la consigna de que la doctrina justicialista era la síntesis de la patria misma, y quien no comulgara con ella, se ponía en contra de la Nación. Desde esta perspectiva, y ciertamente amenazado por espurios intereses, el peronismo fue adoptando rasgos persecutorios, no sólo de quienes representaran objetivamente a la oligarquía y el imperialismo, sino también de todos aquellos que no adscribiesen a sus filas partidarias.
En ese no-lugar político quedó atrapado aquel padre, actor de nuestra historia. ¿Qué punto de contacto, objetivo, podía tener con la 'oligarquía', un maestro mayor de obras que lo único que había hecho toda su vida era levantar casas de no más de dos plantas, respetando a rajatabla la dignidad de los albañiles a su cargo? No dormía, me consta, cuando tenía dificultades para pagar puntualmente una quincena. Al mismo tiempo, por no comulgar con el PJ, se lo maltrataba, se le negaba el acceso a cualquier oficina pública y le controlaban sus movimientos y sus comentarios. Dónde debía, entonces, ubicarse, frente a aquel atropello que se desprendía de una doctrina social y económica esencialmente correcta. Eso fue lo que, precisamente, arrojó a aquel simple constructor, a las garras del aglomerado político que coronó el golpe de 1955. Muchos, que no eran gorilas por casta social, ni por poder económico fueron empujados al gorilismo innecesariamente, como resultado de una división falaz de la Argentina.
Una sociedad tan dividida, que lo que algunos odiaban otros idolatraban. Evita, por ejemplo, vilipendiada por algunos porque distribuía bienes de consumo entre los pobres, era amada por estos, precisamente, por permitirles acceder a una realidad que no habían conocido. Mientras algunos odiaban a Perón por haber modificado los textos de lectura en las escuelas, él lo reivindicaba por cuanto introducía en la doctrina nacional a las nuevas generaciones.
Cada vez que aquel padre le narraba a su hijo capítulos de nuestra historia, le hablaba de los jefes de manzana, pero nunca del bombardeo a la Plaza de Mayo; le contó que habían cerrado el diario La Prensa, pero jamás le mencionó los fusilamientos de junio de 1956; le detallaba la persecución de los no peronistas, pero no la igual o peor persecución, luego del golpe, de todo aquello que recordara a Perón. Y mientras tanto, el país se dividía no por ideologías, sino por el encono. No por el mayor o menor apego a la libertad -como se decía- sino para implantar el proyecto del liberalismo económico. A grandes rasgos, todos los de arriba quedaron de un lado, y todos los de abajo quedaron del otro. Pero una franja grande de la clase media, que debió haber ayudado a engrosar el bloque de poder que resistiese a la oligarquía, por errores propios y ajenos, terminó siéndole funcional.
* * * * *
Muchos años, mucho desconsuelo, mucha violencia y mucha muerte nos costó atemperar los efectos de aquella partición de la sociedad. Luego devinieron muchos episodios, alentadores algunos, trágicos muchos otros. Y en el fondo, la tarea pendiente de fortalecer ese bloque de poder, que, aún con matices y diferencias, aislase aquel proyecto siempre latente de los más poderosos. Estos fueron cambiando de formas, se fueron explayando o agazapando con los distintos momentos políticos, pero no sólo no fueron derrotados, sino que reaparecieron en cada golpe de estado, y aún al calor de gobiernos constitucionales.
Hoy, otros medios de comunicación juegan el mismo papel que el diario La Prensa desempeñó en aquel momento. Sectores de la conducción de la Iglesia Católica ponen también sus intereses al servicio del desgaste del presente gobierno. La Sociedad Rural sigue en su línea histórica: cómplices de los 90, y sin saber siquiera la ubicación de sus latifundios, liquida puntualmente los beneficios financieros de sus exportaciones. Detrás de ellos, también, sectores militares y civiles, desesperados por detener el esclarecimiento sobre el terrorismo de Estado. Hoy, el poder relativo de las fuerzas armadas es mucho menor que el de entonces. Entonces, solían comandar políticamente la Nación; hoy, una parte importante de ellas procura integrarse a la institucionalidad, y a los totalitarios aún les queda poder para mantener desaparecido a un testigo de las causas por los derechos humanos, y asesinar a un cómplice de la represión para callar su testimonio. Pero no están en condiciones de estructurar y conducir un proyecto político de nivel nacional, como lo hicieran, cada uno en su tiempo, el almirante Rojas o el general Videla.
Ninguno de estos actores políticos conserva, gracias a tantos años de luchas y padecimientos, apoyos masivos. Precisamente por eso, las fuerzas populares no debemos permitir que lo obtengan a partir de nuestras propias equivocaciones. Sería imperdonable que los productores agrupados en organizaciones de larga tradición democrática, terminen actuando, sin querer, como el soporte militante que la oligarquía no tiene.
* * * * *
Por estos días, muchos pequeños y esforzados productores encarnaron ese soporte social, adhiriendo espontánea y entendiblemente al denominado paro del campo, en pos de medidas y cambios en las políticas oficiales, más que justificadas. Sin embargo, un eventual triunfo político de la protesta no serviría, objetivamente, a sus intereses, sino a los de los grupos latifundistas y financieros, que aportaron a ese paro el diseño estratégico. Y es en este contexto que no pude menos que recordar a aquel viejo constructor, ya fallecido. Mientras veía a algunos estudiantes que salieron a la calle espontáneamente, en respaldo de una protesta cuyos pormenores ni siquiera conocen, pensé que, de prevalecer los intereses de quienes la organizaron en las sombras (no de los productores que la militaron), el presupuesto educativo volvería a retroceder. Es decir, una reedición de la imperdonable división artificial de nuestra sociedad, que, de profundizarse, podría volver a retrasar en años la construcción de un bloque de poder popular. Una división, una vez más, guiada por identificaciones simbólicas más que por intereses objetivos.
Pero, ¡cuidado! También es cierto lo que muchos de esos manifestantes urbanos plantean, o al menos intuyen. No se trata tanto de repudiar la retención en sí misma, como su destino corrupto y arbitrario. No es sólo que se eleva la tasa de inflación, sino la sensación de estafa que se siente cada vez que se manipula un indicador. Y son esos desaciertos políticos, lo que está a punto de volver a arrojar a algunos sectores medios no oligárquicos, hacia un frente común con la oligarquía. Desaciertos políticos equivalentes a las patadas que le daban en las comisarías a aquel viejo constructor, y que terminaron, injustamente, evitablemente, poniéndolo al servicio de aquella restauración oligárquica de 1955, y de la cual, por lo visto, aún no nos hemos repuesto. Y a la cual, tanto ayer como hoy, paradójicamente, un puñado de radicales barniza con una pátina de discurso democrático.
* * * * *
A diferencia de aquellas y aquellos dirigentes que instaban a la ciudad a unirse al campo, el primer impacto que sentí las otras noches al ver a sectores urbanos apoyar algo que ni siquiera conocían a fondo, fue de desconcierto. Más tarde comencé a darme cuenta de que hay una parte importante de nuestra historia que estaba dormida, pero no superada. Y que determinados hechos la despiertan y la ponen en acto, como expresión de aquel inconsciente colectivo de fractura social aún no saldado.
Para algunos, la puesta en acto de aquel inconsciente social es la reencarnación de Perón y Evita. Por momentos, parecería que algunos dirigentes necesitan cerrar un ciclo histórico que quedó trunco en los 50, al frustrarse la candidatura de Eva Perón a la vicepresidencia, con su renunciamiento histórico del 31 de agosto de 1951, ante la CGT. De allí también, quizás, la necesidad de apelar a actos sindicales masivos como aquellos, o de recurrir a una nueva versión de los viejos cabecita negra, como fuerza de choque contra la 'puta oligarquía'. Para otros, la puesta en acto de aquel antiguo inconsciente dormido, es seguir odiando a Eva.
Para mí, en cambio, el gran desafío de la Argentina es construir una gran fuerza social que re-vincule a los sectores populares con las capas medias. Pero para eso nadie debe creerse, una vez más, dueño de la doctrina de la Nación.
La Argentina está en condiciones de dar un inmenso salto de calidad en su sistema político. En ese sentido, las ideologías no han muerto. Adecuadas a un nuevo contexto histórico, son más imprescindibles que nunca. Son ellas, como sucede en los países más estables y desarrollados, las que deben configurar los matices políticos, y no el rencor. De lo que se trata es de construir una nueva bipolaridad política. Un polo se aferrará a endurecer la represión más que a las políticas preventivas para atacar el delito, rechazará la libre elección en materia de orientación sexual, descreerá de las políticas públicas como inductoras del proceso económico, y creerá que un mayor acercamiento con los EE.UU. es la política exterior más conveniente. El otro polo, en cambio, considerará a la inclusión social como la fuente de toda acción contra la inseguridad, no verá a la pobreza como un hecho natural sino como resultante de una disputa de intereses políticos y económicos en la que el Estado tiene un papel fundamental en resguardo y promoción de los más necesitados, y bregará por los mayores niveles posibles de autonomía e integración regional en política exterior. Pero ambos, mirando hacia adelante, desde sus respectivas visiones ideológicas, pero dando por incorporados a aquellos grandes valores que fundaron, construyeron y desarrollaron a la Argentina en los siglos XIX y XX.
El 25 de Mayo y la bandera nacional son de todos, y no de un partido político belgranista. La Constitución es de todos, y no de un partido alberdiano. La educación pública fue de todos, y no de un partido sarmientino. El voto secreto y obligatorio es de todos, y no de un partido yrigoyenista. La justicia social y la inclusión de los trabajadores en las grandes decisiones políticas, son de todos, y no sólo del partido peronista. Nuestro mejor aporte está en consolidar esos valores como patrimonio cultural de la Argentina, y no volverlos a comprimir en categorías partidarias del pasado. Desde ya que la oligarquía buscará formar su nuevo partido del orden, pero, esta vez, se enfrentará con un bloque democrático dispuesto a procesar sus diferencias con dureza, pero sin esa grieta histórica que enfrenta a los pobres del conurbano con los pequeños chacareros, como alguna vez los enfrentó con aquel sencillo hacedor de casas de La Plata.
A diferencia de crisis anteriores, que siempre estuvieron precedidas por la caída estrepitosa de la economía, los indicadores económicos ponen a nuestro país, y a la región, en una inmejorable situación para hacer de la prosperidad, una oportunidad histórica, y al debate sobre cómo distribuir las responsabilidades y los beneficios de esa prosperidad, en una Política de Estado. Pido disculpas si esta historia fue algo tediosa. Aquel viejo constructor, era mi padre.
Comparto plenamente estos Aportes que hace Carlos Raimundi, además de sentirme identificado por el relato personal que hace, para mi suerte puedo seguir discutiendo de política con mi viejo, que sigue siendo tan antiperonista como hace 50 años atrás, quizás por los recuerdos dolorosos por las antinomias que separaron a los argentinos y que tantos desencuentros produjeron.
Lamentablemente hoy aquellos que solo buscan superficiales réditos electorales nuevamente quieren imponer falsas polarizaciones políticas, siendo funcionales a los pescadores a río revuelto.
Esperemos haber aprendido de los errores del pasado y no caer nuevamente en la arena del circo romano donde nos peleamos por nada, mientras que desde el palco de los privilegiados los mismos de siempre nos suben o bajan el pulgar y se divierten con nuestra confusión.
Saludos Cordiales .
FFB.
1/04/08
Todo es politica, Arcon de la memoria, tuti fruti
Antinomias,
Son opiniones
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