martes, 2 de septiembre de 2008

¿La superación de los viejos partidos?


Tras el conflicto agrario, Toer plantea la urgencia de articular a los sectores populares con una organización política que se diferencie de las estructuras tradicionales.

Pensar una construcción política
Por Mario Toer *
* Profesor de Política Latinoamericana y Sociología (UBA); integrante del espacio Carta Abierta.

Uno de los datos más salientes para comprender la escena política actual tiene que ver con lo precario del comienzo de la construcción política con la que hoy contamos para intentar seguir avanzando en la modificación de aspectos centrales de la vida en nuestro país.
Sabemos que se ha partido de un núcleo que no participa de la cultura política en lo relativo a la construcción de instrumentos organizativos de poder del siglo que se fue (como sí Lula o Vázquez, y a la que quiere sumarse Chávez, con el PSUV). Los K promueven una reconstitución en el seno de un movimiento que acaba de ser usado como camuflaje para la política del enemigo y en donde resulta inevitable desconfiar aún del que está al lado. Esto brinda el contexto que explica el que haya habido que limitarse a una "mesa chica" y, a la vez, a un infatigable proceso de recuperación de lo mejor y neutralización de lo más o menos, sin garantías.
Quienes sabemos que lo que hasta ahora se ha gestado, más allá de sus errores y limitaciones, por sus iniciativas, gestos, compromisos y vínculos con lo nuevo que se desarrolla en el continente, es una oportunidad histórica de esas que no es dable dejar pasar ni fácil de reemplazar (como imaginan algunos ingenuos), nos vemos en la dificultad y hasta en la urgencia de encontrar fórmulas o al menos aportar ideas consistentes que permitan afrontar una construcción política para lo mucho que resta.
Que eso es imprescindible es demasiado evidente, baste mirar hacia el conflicto con los terratenientes y constatar que no había quien brindara un cuadro de situación confiable desde el interior de la Federación Agraria o de los sectores que influencia y, peor aún, que ni siquiera haya sido posible contar con el respaldo del sindicato de peones rurales.
La sensibilidad, el olfato, la muñeca de los K, que no son infalibles, permitieron conjugar a lo mejor que se había aglutinado en torno de los movimientos de los derechos humanos, las reservas que habían sido protagonistas en el espíritu nacional y popular y emprender tareas como la derrota del aparato duhaldista en su propio territorio. La convocatoria de un buen número de radicales y socialistas, así como militantes de izquierda, o del progresismo, fue el rasgo más notable por un buen tiempo.
El fallido intento de disponer de un mayor excedente proveniente de las ganancias extraordinarias producto de la exportación de la soja marca un antes y un después, y produjo un doble fenómeno. De una parte, la actitud capituladora de los presuntos dirigentes de los productores que se supone menos concentrados, que junto a una caterva de oportunistas diversos, ajenos a las consideraciones estratégicas afines al campo popular, se dieron a la tarea de facilitar, con el pleno respaldo de los medios, que quienes más se benefician del trabajo pasado y presente de los argentinos puedan neutralizar a los vacilantes y volubles, y empantanar la iniciativa. Todo en el marco de un implacable acoso al Gobierno con la pretensión de hacerlo retroceder hasta provocar su destitución. De otra parte, quienes, por sensibilidad y/o experiencia, han podido evaluar la índole de la maquinaria infernal de impedir que se puso en movimiento, han reaccionado y, deponiendo meditaciones en solitario, brindan respaldo y se suman a la denuncia, sin abandonar el juicio crítico y la impronta asamblearia, posibilitando el surgimiento de espacios como el de Carta Abierta, que se expande por todo el país.
Quienes se arremolinan en torno de la tenebrosa banda de los cuatro campestres se encuentran con el problema de conformar una oposición política creíble y la respuesta del Gobierno ha sido en principio la que cabe, intentar entorpecer el operativo de "recuperación" del justicialismo, que la reacción sabe indispensable para cualquier armado futuro.
Pero del lado del campo del pueblo, ¿qué hacemos? Lo que han comenzado a vertebrar las comisiones de Carta Abierta supone un recurso inestimable: buscar respuestas en los terrenos más sensibles, una política de medios en torno de la educación, la salud, la cultura, las mujeres, los jóvenes. También estimular el conocimiento y el debate sobre lo que ocurre en las otras experiencias que jalonan la geografía latinoamericana. Para brindar solidaridad, que es una manera de ayudarnos a nosotros mismos, y para aprender de sus errores y aciertos. No es menor, en este sentido, repasar cómo fue que Lula salió del acoso a que era sometido en las vísperas de las elecciones últimas, en que salió nuevamente triunfante, sobre la base de dejar plenamente establecido que la opción de los pobres es la que expresaba el candidato del PT.
Y después viene lo más complicado. ¿Cómo asegurar que el esfuerzo, la búsqueda, la elaboración que se produce en instancias que constituyen la base del proceso que vivimos en esta nueva fase, se transformen en un insumo valorado a la hora de tomar decisiones? Por cierto que no bastan los contactos esporádicos. Hay que inventar maneras para que ese flujo sea permanente y estimulante.
Porque sabido es que los viejos partidos no alcanzan, y no sólo habrá que evitar que queden en manos de la reacción. Urge conformar un lugar expectante para quienes quieren sumarse por fuera del PJ. Hoy más que nunca, la articulación entre los justos reclamos populares y la consistencia de un armado político coherente se requieren mutuamente. De primar la mezquindad y el economicismo, el retroceso no tendrá retorno. La confianza entre las distintas instancias resulta trascendental para la construcción que debemos llevar a cabo entre todos. La audacia y la creación nunca serán bastantes. Pero estamos a tiempo. Y esto no es un reclamo válido sólo para quienes se ubican en los ámbitos decisivos del poder. Seguramente es imprescindible consolidar liderazgos vitales en esta lucha desigual. Pero también resulta indelegable forjar la capacidad docente de mostrar en nuestros respectivos medios que no basta con reclamar, y menos aún dejarse correr por "izquierda" por los que quieren el fracaso de esta experiencia (que implica e incluye a más de una generación). Hay mucho que deberá redistribuirse (y de algún lado debe salir), pero si no conjugamos la fuerza suficiente y no tenemos el coraje de reclamar responsabilidad en nuestra propias filas, no podremos constituirnos en los engarces que requiere el entramado que no sólo pueda en la próxima vuelta con los terratenientes sino que, también, pueda con todos los que habrán de venir detrás.

Publicado en Pagina 12 2/9/08

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